portada-yo-fui-johnny-thunders

Aunque no haya nada bueno sin restricciones a excepción de una buena voluntad, esta nunca es suficiente para hacer bueno al hombre. La vida no es culpa de nadie. Tus padres, tu barrio, la gente con la que te encuentres estarán ahí esperándote. Lo que pueda ocurrirte a continuación definirá tu suerte, tus posibilidades, tus elecciones. Es la idiosincrasia a la que deberá sobrevivir Francis, protagonista a su pesar de esta oscura novela escrita por Carlos Zanón.

Arruinado, con un cuerpo destrozado por el mal uso y un pasado impregnado en su cuerpo, Mr. Franki se ve en la necesidad de volver a casa de sus padres. El alcohol, las drogas y otros excesos que no recuerda están impregnados a su piel como una película mate que le oscurece el porvenir. “La miseria es algo que se te adhiere al brillo mate de la piel enferma, a tu manera de andar y moverte, a la tonelada de tics adquiridos en la calle”. Así es como empieza la pugna entre Mr. Franki y Francis, dos personas que han habitado el mismo cuerpo y que luchan por desahuciar a la otra, por hacerse con el control de una vida que, realmente, no vale nada.

Pero la voluntad de Francis es arreglarlo, ser un buen tipo, hacer por los demás lo que no hizo en su momento, vestirse con un traje, parecer una persona normal, y acudir al juicio por los pagos atrasados de la pensión a su exmujer. Y será precisamente ese deseo, esa necesidad de hacer las cosas bien y de ser otra persona, lo que terminará por hundirlo en el mundo del que pretende huir. “El deseo es saber que si te vuelves a drogar lo jodes todo, lo pierdes todo. Y, a pesar de eso, te vuelves a drogar”.

 De este modo, Zanón nos presenta un personaje que se aferra a la vida al mismo tiempo que la odia. Alguien incapaz de creer en nada, ni siquiera en sus propias promesas, y que a pesar de todo se jura cumplirlas una y otra vez. Alguien que sabe que no le importa a nadie, que no debería importarle a nadie, ni siquiera a sí mismo, y sin embargo no pierde la esperanza en que esto cambie algún día. “A alguien. A alguien ha de importarle el desdichado Urías, el deseo de Sansón, la mala suerte de todos los que eligen mal”.

Un mequetrefe consciente de su insignificancia, aplastado y arrastrado por una realidad cuya única salida es aparentar ser más que los demás, tener más ambición, amenazar con más fuerza, maltratar a los demás con mayor intensidad. “Es un mundo de reglas sencillas. Mundo Macho, Mundo Idiota”.

Y la música como única clave de salvación, como única fortaleza para la conciencia, como el único devenir con auténtica realidad, como única corriente que hacer fluir la vida. “La gente nunca fue muy real para mí. No sé cómo explicarlo. Las canciones sí que lo eran, atraían el resto de las cosas hacia mí”.

En definitiva, Yo fui Johnny Thunders es una novela sin esperanza para sus protagonistas pero que al mismo tiempo les descubre sus propias motivaciones para vivir. Un relato de quienes ven cómo se ahogan en el futuro y, a pesar de ello, se dejan guiar ciegamente hacia él. Un libro que te ayuda a comprender que todo cuanto nos sucede tiene que ver más con la suerte y quienes nos esperan en el mundo al nacer que con nosotros mismos.

Gracias por leer esta reseña. Si quieres saber más acerca de mis libros, haz clic aquí

Anuncios

portada-el-mundo-de-ayerAntes de nada, advertir que, si quisiéramos clasificar esta obra, sería difícil concretar si se trata de una biografía o de un libro de historia. Pues, aun cuando el subtitulo que Stefan Zweig eligió para este volumen fuera “memorias de un europeo”, bien podría haber sido “memoria de Europa”.

Efectivamente, la vida de Zweig es el reflejo de una Europa que pierde lentamente su optimismo y esperanza en la humanidad frente a las convulsiones de las guerras mundiales, que pasa de una infancia brillante y segura a una madurez grave y confusa en la que cualquier idea de progreso ha sido pervertida. Un mundo en el que saber si será posible encontrar un nuevo sentido para la humanidad y para la propia vida, o si el mensaje final del autor es una senda hacia el pesimismo o el optimismo, es algo que dependerá del propio carácter del lector y de la interpretación que haga de la última frase del libro.

Durante esta búsqueda, Zweig, movido tanto por su afán humanista e intelectual, como por la seguridad económica y material que siempre le proporcionó su familia, recorrerá el mundo codeándose con artistas e intelectuales, aprendiendo a expresarse en diferentes lenguas y a compatibilizar la tolerancia con la militancia en una idea: la hermandad pacífica de toda Europa y la humanidad al completo en lo que él consideraba como “la misión del poeta”.

A lo largo de su periplo, se desplazará sobre la línea de la historia, resaltando su figura o desvaneciéndose en los acontecimientos sociales, utilizándose a sí mismo como espejo de aquello en lo que el mundo se estaba transformando. Posiblemente, porque al vienés no le interesaba relatar únicamente los acontecimientos de una época ni los sucesos de su biografía, sino utilizar la propia vida como manifestación del espíritu de una época, como nexo de unión entre su tiempo y el nuestro. Que esta era su intención lo denota el hecho de que dejara escrito que es “mucho más fácil reconstruir los hechos de una época que su atmósfera espiritual. Esta no se encuentra sedimentada en los acontecimientos oficiales, sino más bien en pequeños episodios personales”.

Desde esta perspectiva, El mundo de ayer, directamente influido por la amistad y las teorías de Freud, puede leerse como una impresionante obra de psicoanálisis personal y social en la que el autor ahonda en las contradicciones de la Viena en la que nació, en sus traumas y en sus estratos morales, en el subconsciente colectivo, tratando de comprender cómo fue posible que el sentido de la existencia humana se fuera perdiendo paulatinamente a medida que avanzaba el nuevo siglo, buscando hallar una explicación para su pasado y una nueva forma de expresión para un futuro en el que “todas las formas de expresión de la existencia pugnaban por farolear de radicales y revolucionarias y desde luego, también el arte. La nueva pintura dio por liquidada toda la obra de Rembrandt, Holbein y Velázquez e inició los experimentos cubistas y surrealistas más extravagantes. En todo se proscribió el elemento inteligible: la melodía en la música, el parecido en el retrato, la comprensibilidad en la lengua”.

Asimismo, lejos de encasillarse como mero testimonio de una época, la obra de Zweig tiene también una lectura en clave actual, una interpretación en la que encontramos una situación política y social fruto de unas circunstancias, amenazas y dificultades similares a las que vivimos hoy en día. Una Europa que avanzaba desbocadamente en el aspecto técnico, cuyos ciudadanos vivían despreocupadamente, informados en todo momento por la radio y los periódicos, pero sin darse cuenta de que se precipitaban hacia el abismo de la guerra. Un mundo, en definitiva, en el que “de repente todos los estados se sintieron fuertes, olvidando que los demás se sentían de igual manera; todos querían algo de los demás” presas de un idea de competencia y progreso ciegos. Un avance en el que, finalmente, se dejó atrás a la propia humanidad con el estallido de las guerras mundiales, en el que se crearon fronteras ante las crisis humanitarias subsiguientes y donde “antes el hombre sólo tenía cuerpo y alma. Ahora, además, necesita un pasaporte, de lo contrario no se lo trata como a un hombre”.

En conclusión, pese a su exilio final, su persecución y la prohibición de sus libros en su tierra natal, la obra de Zweig, humanista, pacifista, antibelicista, defensor del cosmopolitismo, de los derechos humanos y de la igualdad social como valores que guiaron su vida, es una lucha por mantenerse firme en sus ideales pese a los acontecimientos históricos, por hacer lo que Pessoa no tenía el valor de hacer en su Libro del desasosiego: abandonados los ídolos, depositar toda su esperanza en la humanidad. Sólo por eso tiene valor en sí misma.

Gracias por leer esta reseña. Si quieres saber más acerca de mis libros, haz clic aquí

 

A %d blogueros les gusta esto: