Antes de ser un adjetivo fue una persona. Alguien temeroso hasta el extremo de su propia imaginación, que cargaba con el inconmensurable peso de su existencia y la autoridad paterna. Un hombre atormentado y torturado por sí mismo, satisfecho de ser sádico y masoquista al mismo tiempo, deseoso de abandonar la escritura y atormentado por las distracciones que le impedían escribir. Así fue esta persona, para la que “kafkiano” habría significado simplemente algo suyo. Si hubiera utilizado alguna vez este adjetivo, lo hubiera hecho para decir “todo es kafkiano menos Fanz Kafka”.

Sin profundidad y con sencillez, la obra de Robert Crumb y David Zane planea sobre algunos capítulos relevantes de la vida de Franz Kafka. No se trata de un estudio exhaustivo ni de un análisis profundo de la psicología de este autor, sino de un planteamiento de algunas de sus situaciones vitales que pudieron ser germen para sus obras más conocidas. La presentación perfecta para un primer enfrentamiento con Kafka sin perderse en las espirales del psicoanálisis.

Judio, checo y germanoparlante. Condiciones todas que le vendrán impuestas por nacimiento y supondrán una carga para él. Maldiciones a las que habrán de sumarse las que acumule durante su vida. El trabajo burocrático en la compañía de seguros, la imposición de una autoridad paterna sobrehumana, o los intentos de las mujeres por distraerlo de sus objetivos, marcarán sobre su biografía una asfixiante angustia. Harán que pese sobre sus días la existencia de algo externo, inalcanzable, que únicamente podría abarcar rompiendo el mundo en el que vive. Resignado, tendrá que conformarse con la escritura.

Escritura que, en esta presentación de su vida, estará acompañada de tenebrosas e inquietantes ilustraciones. Interpretaciones gráficas de algunos de los pensamientos de Kafka que, sin duda hubieran supuesto una tortura más para él. Porque alguien que insistió en que en La metamorfosis no apareciera una sola imagen del protagonista, no hubiera podido sino retorcerse de dolor al ver su vida entera ilustrada.

Sin embargo, habrá de tenerse en cuenta que esta obra devuelve a Kafka su carácter personal. Recuerda a quienes se dejen angustiar por sus páginas lo fácil que es convertirse en un producto de merchandising, en un fenómeno de consumo, en la imagen de una camiseta, en el nombre de una hamburguesa especial. Después de leerla, sabremos que lo único que nunca habrá sido kafkiano fue Franz Karfka.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: