MAÑANA NO SERÁ LO QUE DIOS QUIERA. Luis García Montero

28/09/2011

Que te apunten con una pistola significa cambiar de edad. Poco importa el tiempo para llegar a la madurez. A veces la edad entra por la ventana como un obús perdido que, afortunadamente, termina por no matar a nadie. Así irá creciendo Ángel González, enfermando de cuerpo y sanando de palabras, tendente a la melancolía y rebelde hasta el extremo de no importarle obedecer.

Mañana no será lo que Dios quiera cuenta la infancia y adolescencia del fallecido y reconocido poeta Ángel González. La historia de una persona descreída pese haber visto a Dios y estar siempre acompañado por un abuelo y un padre muertos de muerte imposible. Empecinado en las letras hasta en la guerra y capaz de dibujar sin ver a quienes se empeñaban en amargarle la vida, se esforzará por vivir en un mundo más auténtico que el real.

Con el tiempo, Ángel comprobará que la risa y el sufrimiento son cuestiones que se dan según las circunstancias. Que los materiales de un circo bien pueden servir para construir un campo de concentración y que los gatos se quedan poco tiempo en casa. O que quizá no importe estar enfermo si nuestra cama flota sobre un mar de libros. Como asegura el narrador de esta vida, a veces sobran datos en un argumento.

De esta forma aprenderá a dar sus pasos por el mundo. Como los peces sin memoria que pasan una y otra vez por el mismo sitio de la pecera, o como el pequeño niño que recorre la casa apoyado en lo muebles y cada vez es distinta. Puertas cerradas que marcan ausencias familiares o discusiones políticas de las que apenas se entienden palabras.

Así, a base de tiempo, guerras y estudio, Ángel se irá volviendo desconfiado. Perderá el reloj que su madre no había pagado todavía y aprenderá que el consejo de un profesor amigo aprueba más exámenes que cientos de horas de libros. A pesar de lo cual, nunca podrá estar seguro de no ser el siguiente que tenga que dar a una madre la noticia de que han matado a su hijo.

En Mañana no será lo que Dios quiera Luis García Montero recorre sin ritmo obligado la vida del poeta Ángel González. A veces deteniéndose en los ojos de un gato, a veces en el cañón de una pistola y otras dejando pasar los años como si volaran las hojas. De esta forma, nos cuenta cómo alguien llegó a ser Ángel González y que sus letras se juntaran de la forma en la que lo hicieron. Un paseo de media vida que se guarda entre las tapas de una carpeta azul.

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